20.4.14

Stephen Malkmus, el Bazooka llevado a la excelencia


Los discos del año 2014
Febrero. Wig Out at Jagbags, de Stephen Malkmus & The Jicks



Desde que me salieron los dientes tuve claro que en ningún caso debía tragarme un chicle:
“No, que se te pegan las tripas”, me avisaba siempre una tía cercana muy puesta en medicina transversal.

“¿Ni siquiera los Bazooka?...”, contestaba yo con cierto desencanto.

Bubblegummes y Gayolas
Los chicles Bazooka eran como una especie de escayola gelatinosa de tres pisos que te metías entre los dientes y te duraban toda una tarde. La gelatina era de la dura. Imposible tragarlos; por ese tema nunca tuve problemas ni con mi tía ni con las tripas. Con un chicle Bazooka en la boca los globos que exhibían las/los amigas/os eran descomunales, bárbaros, placentas marcianas,  aunque he de confesar que también para esos menesteres yo siempre fui un patán.
No, nunca fui un niño competente en la virguería infantil. La primera relación seria que tuve con los chicles fueron los Monkees, una banda formada por actores de televisión, adolescentes del canal Disney en Los Ángeles a los que alguien convenció para que fueran imagen de portadas discográficas y de una serie de televisión cuya música competiría en el mercado con la de los Beatles. A aquel movimiento musical propiciado por el éxito de la serie y de algunas de sus memorables canciones, Last train to Clarksville, I´m believer,  Pleasent Valley Sunday, la incipiente industria pop americana bautizó como sonido Bubble Gum, cuyos artistas más significativos fueron The Archies (Sugar, sugar), los propios Monkees, Ohio Express (Yummy, Yummy y Chewy Chewy)  y algunos otros que no me retiene ahora la memoria... Tiempo habrá de hablar de algunas de sus excelencias, que las hubo.
El otro día oía una remota aproximación actualizada. Nada comparable por supuesto, pero con ése retintín que te vocean los recuerdos de vez en cuando. No sé si os ha pasado alguna vez, eso de estar escuchando un disco sin prestarle excesiva atención hasta que llega ese momento que dices... “joder, esto no suena mal del todo...”,  “Bieeen...”,  ¡Joder...esto es cojonudo!”:
¡Stephen Malkmus sin ir más lejos!. Sucedió con su álbum de éste año Wig Out at Jagbag, al que algún osado ha querido traducir (yo no me atrevo) como “Se vuelven locos con las Gayolas” (¿?).

Stephen Malkmus, un explorador de carrera
Y eso que a  Malkmus se le supone el voto de confianza desde su fructífera aventura con Pavement en los noventa y también después de aquella mermelada de lujo que resultó ser Pig Lib en 2003, la descarada declaración de intenciones de un tipo que ya iba por libre en el nuevo siglo y que había elegido la fulminante combinación de agitar la coctelera de ideas almacenadas, esperando turno desde los mismos tiempos de Pavement (a mi particularmente ya me gustó mucho su álbum de despedida Terror Twilight) y desparramarlas en caída libre en el estudio de grabación, cual fórmula ingeniosa de George Martin en los sesenta del pasado siglo cuando el productor de Abbey Road andaba en la obligación diaria de inventarse algo nuevo para los nenes de Liverpool.

Estamos hablando de pop. De pop de salón. De pop de cumpleaños con los amigos pop. De pop de conversación trascendente. Nada de malditos ni ordinarieces, aunque bordeando ligeramente el sonido Bubble de postín. Stephen Malkmus hace ya tiempo que cumple todos los requisitos del artista pop de luxe. Insisto, en Pig Lib (que lujo es tener estos discos en vinilo) a mi se me cayó la baba escuchando aquellos juegos deliberados y provocadores que me remitían a uno de mis ídolos de niñez: Ray Davies. A veces lo que cuentan y como lo cuentan sólo lo entienden ellos pero suficiente que adivines un gag, una frase lapidaria (“We lived on Tennyson and venison and the Grateful Dead, It was Mudhoney summer, Torch of Mystics, Double Bummer” en Lariat) ..., una cita o un sonido concreto de guitarra o voz para que el juego de artista acabe definitivamente en una fiesta personal y pasional. Al fin y al cabo todo lo que escribe y piensa el músico de Santa Mónica tiene ese aire remotamente reverencial que otorga el surrealismo o, porqué no decirlo, la música jingle-jungle.  En esas vicisitudes Stephen Malkmus es un personaje. En lo de dominar la historia también porque si no a santo de qué puedo volver a escuchar después de toda una vida como he sufrido en el alambre y en la alternancia a Dave Dee, Dozy, Beaky, Mick & Tich (espero no haberme dejado a ninguno) en Rumble at the rainbow. El tema es una continuación redoblada de Hideway o The Legend of Xanadu, incluso masticando la misma plasta bazookera utilizada entonces si bien ahora con algún adorno de reggae que para aquellos días (1967) debía resultar aún algo excesivamente exótico.
Sí, eso ocurre en este disco de este año de este señor que viste y peina y se expresa en público como un post-doc de Agrónomos.: Stephen Malkmus.

El Disco, Wig Out at Jagbags, un caleidoscopio.
Y muchas más cosas. En Planetary motion, al ser la canción que inaugura el disco, Malkmus ha querido mirar hacia atrás al tiempo que rendir un homenaje transparente a sus viejos camaradas de Pavement mientras aclaraba de inicio que lo que íbamos a seguir escuchando no iba a tener nada que ver con Beck, su productor y mentor en su anterior trabajo Mirror Traffic. En mi opinión, en aquel disco Beck utilizaba a Stephen Malkmus como si fuera su propio clon, secuelas encontradas aquí en algunos pasajes de Houston hades o Shibboleth, poca cosa si tenemos en cuenta el repaso a la historia que Malkmus muestra con las Arañas de Marte en Chartjunk, como si el guitarrista se hubiera reciclado en aquel Davie Jones del que más tarde huyó desesperadamente David Bowie y, sobre todo, en el Ray Davies de The Janitor Revealed, el mismo Davies de Waterloo Sunset o de Sitting in my sofa: el mismo. Desde luego no sorprenden las citas en Lariat, para algunos colegas lo mejor del álbum aunque yo me quedo con Independence street, una exhibición de las exquisitas facultades que guarda Stephen para la interpretación a la guitarra.

Un directo apático en Madrid
Qué pena que no se entregasen del todo en la sala Joy Eslava hace unas semanas. Vestidos de profesor de instituto, de colega de cañas en Lavapiés, estuvieron pelín fríos, como el ambiente (sorprendentemente no se llenó). Acompañado de la formación que protagoniza el disco: Mike Clark con el teclado y las segundas guitarras; Jake Morris a la batería y la bajista Joanna Bolme a la que algunos apuntan como algo más que compañera de escenario, tocaron el estreno del álbum y poco más, bueno, ejem, Old Jerry, ése pedazo de tema que le vienen dedicando al célebre guitarrista de Grateful Dead, Jerry García, desde hace mucho tiempo .

Venga y únase a nosotros en esta tumba de punk-rock 
Venga y baile slam con unos tipos antiguos 
Estamos volviendo, volviendo a nuestras raíces 
Sin material nuevo, sólo botas de vaquero

“Pues en Nueva York se deja la piel cada vez que toca”, comentó un pintoresco gabacho que le sigue a todas partes.

Publicado el Viernes, 18 de abril de 2014 en Más24, suplemento cultural del diario digital Asturias24