16.1.13

Jorge Pardo, oficialmente el Mejor Jazzman de Europa




Eso ya lo sabíamos algunos bastantes. De los mejores de Europa de siempre. Desde que abriera aquella puerta al Jazz madrileño con Dolores, una puerta de sotanillo, de enanitos infiltrados procedentes de otras aldeas cercanas: Pedro Ruy Blas (ex-Canarios), como Alfredo Maiques y Nano Muñoz o Alvaro Yebenes; el teclado de Jean Luc Vallet y las percusiones de Cesar Berti y Alvarito Chevere y, si se me permite, de Hilario Camacho que andaba metiendo letras con Pedro; aquella Cometa que levantó el viento y la liebre que llevaban todos: "Sobre el mar/Una cometa perdida/Sobre el mar/Una Gaviota/Buscando el Sol...

Ahora, tantos años después, le llega el reconocimiento oficial que no el del aficionado, aquel que durante tanto tiempo sólo oía un viento de apertura, el de la travesera de Jorge o el de su propio saxo (con el guitarrista Gerardo Nuñez, el día que Miles Davis visitó por última vez España en San Sebastian). Antes, Jorge ya había estado un montón de veces en Albacete, en su festival de Jazz, o en la sala Gabinete de jam session -con Joan Albert Amargós y Carles Benavent- o en aquel café inolvidable, El Nilo, en otra actuación magistral e intima con Jeff Jerolamon (el batería que enseñó esa noche a sujetar las escobillas a Toño Atienzar, fíjate) y Ximo Tebar. Antes, León Molina, el cubano de Yetas, se lo había llevado de gira unos años por la geografía manchega y todos le reclamamos ya ése libro de experiencias mutuas en la estepa. Berlanguianas, prodigiosas y francamente conmovedoras, tal como viene contándonos los hechos el bueno de León desde entonces. Y, por contar, un encuentro casual en Granada, y otro en la barra del Café Populart de Madrid:

- "Que quieres que te diga, aquí es donde mejor estoy"
- "Jorge, con toda la gente que  has tocado y conoces estás en condiciones de pegar un pelotazo discográfico", le comenté (triunfaba entonces el pedorro de Kenny G)
- Ólvidate. Ya tengo mi vida montada: en invierno con Paco (de Lucía) en Japón, en verano con los amigos en Cádiz y en primavera Lavapiés.

Y entre medias, giras con Chick Corea, Marcus Miller, Pat Metheny o, en su día, con El Camarón de la Isla. Jorge Pardo siempre será el músico bohemio de club, tabaqueo y gin-tonic, pero también seguirá siendo siempre el músico del Carnegie Hall neoyorquino o el de La Leyenda del Tiempo de Camarón. En Higueruela también lo saben.

 La Académie du Jazz francesa le acaba de entregar el premio al Mejor Músico de Jazz Europeo en el Théâtre du Châtelet de París. Ya estaban tardando.