17.5.12

Cerrolobo independiente



Concierto de Cerrolobo en el Teatro Candilejas.


El rostro pálido siempre ha tenido cierta vecindad con el blues. No ha sufrido traumas importantes ni grandes meteduras de pata mediáticas. Lo ha digerido perfectamente y así lo ha manifestado a lo largo de toda su historia, desde el criollo Jelly Roll Morton a principios del siglo XX hasta la otra noche, sin ir más lejos, Cerrolobo, en el agradable ambiente del Teatro Candilejas de Albacete.
Hay un blues blanco de todas formas que explota de una manera arrolladora cuando al rock and roll comienza a patinarle el eje del cigueñal a comienzos de la década de los sesenta. Surge, básicamente, en Inglaterra y en algún lugar de los Estados Unidos de América, cuna del género. De aquellos jovenzuelos británicos (Peter Green, Eric Clapton, Jeff Beck, Rolling Stones, Pretty Things, The Animals, Yardbirds...) llegan ahora estos lodos de espuma ácida a nuestros rincones. Cerrolobo, por poner un ejemplo. Una pedanía donde  no hay más que 31 personas censadas, ahora presumiendo de nombre de banda, gran banda de blues por, sepa dios, la afinidad de alguno de ellos con el citado terramen.




Oyendo a Michel Díez, su guitarra principal, uno se hace todas estas composiciones de lugar: ¿Existiría esa manera de manejar el blues (¡aquí en mi tierra, en Albacete!) sino hubiera sido por aquellos jovenzuelos londinenses?. Lo dudo. Por mucho que Cerrolobo, la banda, ataquen por Junior Wells, James Cotton, Robert Johnson, Muddy Waters, etc. Los chicos británicos también lo hicieron desde sus principios. Lo cierto es que, bien tocado, los resultados son abrumadores. La banda está formada por expertos del rock and roll con la imprescindible sintonía de Rosa Bautista, una chica de carácter, el que hay que tener para cantar blues. Los tipos, que saben de lo que va la historia, han escogido un puñado de clásicos standars para fagocitarlos vía London/1962 y lo expresan con un mensaje nítido (fuera contratiempos y adaptaciones de sonido inevitables) y divertido. Es divertido escuchar blues -y jazz- en el Candilejas (puedes acompañarlo con una birra y eso en un teatrillo no tiene precio). El Broke and Hungry de la recta final fue sencillamente delicioso.
Este relato no sería completo sin mencionar la importancia de Rosendo Romero en esta banda. Comunicador cercano y sin refinamientos, Rosendo maneja la armónica impecablemente, con el swing necesario, esforzando voces para parecer negro (Joe Cocker, Clapton y otros también han utilizado el truco) consiguiendo iluminar una pantalla que al principio era blanca y de mi pueblo y al final acabó siendo negra y del delta del Mississipi. Buenos, muy buenos, el resto de la banda: Fernando Ortega a la ritmica, el siempre eficaz Zanga (Ángel Torres) a la batería y Tony Abad al bajo.

Cerrolobo debe pedir ya la independencia.