14.8.16

Nueva York. Un asunto personal

Resumen de los artículos enviados desde la Big Apple al diario La Verdad de Albacete (2004-2008)




A las cinco de la madrugada, la ciudad descansa, pero Nueva York respira, es el murmullo del espectáculo que se oye delicadamente desde tu cama, un fondo sonoro difícilmente perceptible en alguna otra comunidad pero que aquí es algo consustancial con esta ciudad; a veces percibes ese susurro como si te estuvieras perdiendo algo importante. Nada, simplemente es Tomasina, la negrita del supermercado que duerme con su MP3 sobre la mesita de noche; Orlandito, el puertorriqueño, que está colgando su enorme camiseta blanca sobre la silla de su dormitorio; Mark Phillips, el broker del Equitable Building que duerme aún con la corbata a medio anudar y el móvil en estado de alerta perpetua o Steve Marchen, aquel estudiante madrileño de arte escénico, de padre americano y madre aragonesa, que nos sirvió a mediodía un guacamole estupendo en la taberna La Palapa Rockola del Village. Ahora debe descansar pero durante el día estudia cine e interpretación y se paga los estudios entre tacos y tequilas. En estos momentos todos son como las ardillas de Central Park, el espíritu de la Gran Manzana que descansa contando ovejitas. Y se oye. Claro que se oye.

Como se oían las ciento diez Harley Davidson que abrieron la 36th Annual Gay Pride March a lo largo de la Quinta Avenida. Una demostración orgullosa de gays, lesbianas, bisexuales y transgresores de todo tipo de asociaciones y países portando la bandera arco iris y precedidos por las bandas musicales de la policía de Nueva York y el admirado por estos lares Cuerpo de Bomberos. Estas y otras instituciones quisieron estar con sus compañeros en tan señalado encuentro. Por estar, entre cientos de participantes que desfilaban, estaba la senadora Hillary Clinton que saludaba sonriente a la concurrencia, rodeada de guardaespaldas. No era para menos, entre la calle 52, donde comenzó la comitiva y la calle 8, un breve paso por la Sexta y acabando en Cristopher Street, se dieron cita cientos de miles de espectadores (nadie se atrevió a dar cifras oficiales). Un vejete, ataviado con un impecable body negro, ligueros incluidos y unos zapatos de tacón largo y transparente decía que Nueva York es uno de los pocos sitios donde se podía decir libremente que se es gay, “estoy aquí por los que no pueden manifestarse en otros países”, comentaba. “No te digo ya casarse”, pensé, satisfecho, para mis adentros.

Ya comenté los veranos musicales de Central Park. Hace unos días me acerque a ver el concierto de Cassandra Wilson: impecable oye, impecable el sonido acústico de su banda, dos guitarras, contrabajo y percusión y exquisita la voz de la Wilson que dio un recital formidable de versiones arregladas de temas standars del jazz, Miles Davis, Jobim y esas cosas que gusta susurrar en sus discos. Clase, clase por arrobas y el ambiente sabiamente diseñado para retozar en la hierba del parque, la natural y la prefabricada para la ocasión.
Estos días se muestran en el MoMA, Museo de Arte Moderno de Nueva York que ya esta otra vez en Manhattan después de su periplo unos cuantos años en Brooklin, las fotografías de Lee Friedlander, uno de los grandes impulsores de la mítica cámara Leica. Friedlander fue un artista incomprendido en su época por su obsesión de hacer fotos extrañas, a base de sombras o rincones poco vistosos. Lo que nos muestra el MoMA son 500 de esas fotografías en las que, debidamente seleccionadas por materias, nos abre la autentica dimensión de este grande de la fotografía. A mi, la verdad, es que lo que mas me interesaba de él era su riquísima aportación al mundo del jazz y la música en general, que fue grande. Me comí una rosca, porque salvo unas cuantos retratos, impresionantes eso si, que saludan al visitante, John Coltrane, Miles Davis, Aretha Franklin..., el resto, de músicos nada. Una cosa por la otra.

Como la ciudad es un monstruo que devora calles y avenidas en el trasiego constante de gentes en su ir y venir del trabajo, observo una peculiaridad que me llama la atención de esta singular Babilonia: la mayoría lleva un portable de música, Mp3, disc-man o cualquiera de esos aparatillos mosquiteros que venden en las cientos de tiendas de Times Square, Chinatown o en el downtown, junto al río. Los ves ausentes en las calles, como en otro mundo, minimalistas de metro, si se trata de negros oyendo rap, canturrean y hacen aspavientos con los dedos ajenos al prójimo. En realidad son los otros sonidos de la ciudad, los que solo uno oye, a través de un pequeño cable o un audífono de ultimo diseño. Latinos, orientales, hindúes, brasileños que te preguntan entre tema y tema por Ronaldo y su novia casquivana, ejecutivos que devoran a Mahler en los atascos de los andenes. Están ahí, como si nada ocurriera a su alrededor y la verdad es que se libra una autentica batalla por el metro cuadrado de espacio, sea calle, sea luminoso (el semáforo) o la estación ferroviaria de la calle 14. Me cuadra con la ancestral historia que siempre unió a la música con el ferrocarril. Ya se escribieron libros sobre ello y muy buenos.

Nueva York, punto de encuentro

La distancia que nos separa de New York City es inmensa. Un océano. Un continente. Un mundo. En dinero: 800 euros la media, en un viaje de ida y vuelta. En avión: siete o más horas engatillao en el asiento, si andas con transbordos....
Pero New York está más cerca siempre de lo que nos creemos. Sus calles, sus avenidas, sus buildings, su música, sus galerías, sus espectáculos, habitan todos los santos de los dias en nuestra agenda personal. Alguien te ha dicho que Chinatown es un hervidero de puestos callejeros donde cualquier monstruo marino nada en acuarios cochambrosos; que Little Italy está lleno de pequeños restaurantes, mantelería a grandes cuadros rojos, mesa con mesa con el sobrino de Tony Soprano o Steve, El Loco, Van Zandt, guitarrista de Bruce Springsteen, vigilándote; sabes que en el Village, Greenwich Village, nacieron para la música Bob Dylan y Jimi Hendrix, por nombrar a dos musicos que suenan.
Hemos estado en el Café Wha?, aquel donde Chas Chandler, bajista de The Animals, descubriera un negro que tocaba la guitarra como un extraterrestre. Allí le vio y desde allí se lo llevó a Newcastle, en la vieja Europa, para montar toda una Experience. En el Wha? cantó Dylan aquello de The Times there are changing, recién llegado de visitar a Woody Guthrie que moría, entre espasmos y vomiteras. En el Café Wha?, ahora toca una banda fija a diario, desde las ocho de la tarde. Son musicos anónimos que se llaman The Café Wha Band, ya ves, verbena americana al servicio de la historia.
Muy cerca de Mc Dougal Street, en la calle 8-52A, aún permanece, yo creo que como símbolo de toda una era musical, una pequeña puerta, desvencijada, abandonada, donde se puede leer en un pequeño rótulo como los de los dentistas fracasados, Electric Ladyland Estudios. Vaya, allí grabó Jimi Hendrix, su dueño, el mayor alegato al rock que músico alguno haya creado o imaginado.

Estos dias andan por aqui algunos conocidos: Youssou N’Dour; el nuevo principe del R&B, Van Hunt, un negrazo que mezcla como pocos rap, blues y soul o Gillian Welch, ésa chica que se atreve con las músicas que hicieron populares a T. Bone Burnett o Emmilou Harris. Pero lo que se lleva en verano son los festivales, como en España. El otro dia hubo uno, al que no me atrevi ni a acercarme, como homenaje y apoyo a las candidaturas presidenciales de Kerry y Edwards. Tocó la Dave Mathews Band, John Mellencamp, Jon Bon Jovi y presentó Whoopi Goldberg. Fué en el Radio City Music Hall, el disloque de la cursileria americana. Luego lo sentí, porque en la puerta hubo quien vió a Paul Newman, oye, para un tipo que le gusta el cine y de Albacete como yo, esas son palabras mayores.
De momento ya tengo las entradas para ver a Smokey Robinson en el Apollo Theatre, en Harlem, el dia 22. Cuento los minutos.

4 de julio en Manhattan

4 de julio en el Estado de New York, la macrópolis se ha volcado en la fiesta de la independencia americana, un frenesí de afirmación y orgullo que sobrepasa nuestras entendederas naturales. Banderas, flores y coronas de laurel adornan cada rincón de cada casa neoyorkina. Jardines engalanados en la más rancia tradicción , fachadas abanderadas de barras y estrellas, coches, motocicletas y vestuario indican que ésta no es una fiesta cualquiera en el calendario americano.

En Manhattan, desde las nueve de la noche, la parada de fireworks que organizan los grandes almacenes Macy’s supera el espectáculo que nunca nadie haya podido ver sobre el cielo. Un millón de dólares cuesta la fiestecita, pero en cada rincón en torno a la isla, en East River, donde estratégicamente están situadas las tracas, el acceso es ya imposible desde las siete de la tarde. Todos han ido a los alrededores provistos de hamacas, merenderas y neveras portatiles, como en la cabalgata de la Feria de mi pueblo, pero con comida, helados y batidos de crema de cacahuete: la fiesta está garantizada.

En Central Park, la gente se lo toma de otra manera. La black people, por ejemplo, se avitualla de salchichas gigantes y cerveza empaquetada y monta barbacoas al ritmo trepidante del mejor hip-hop, del funky mas electrizante y de los típicos cantos tribales o rituales mas conocidos: gospel y soul music en vena. Otro espectáculo. Dentro del parque, en el Strawberry Fields, frente al edificio donde vivió y mataron a John Lennon, el Dakota Building, un grupo de nostálgicos lennonianos interpretan todo el repertorio beatle en una ceremonia a mitad del rito espiritual y el fanatismo trasnochado. Es igual, cantas la cara B completa del Abbey Road con ellos y tampoco se te caen los anillos. Por cierto, uno de los músicos nos dice que volvamos el viernes, 7 de julio, que es el cumpleaños de Ringo Starr, que les ha dicho que estará con ellos celebrando su efemérides allí mismo. Estamos por creerle. Ringo Starr, bateria de The Beatles, estuvo el otro dia tocando en un party gratuito, en los bajos del Rockefeller Center. Nueva York está de fiesta y aquí cualquiera tiene un nombre a quien recordar.

En Whashington Square, un tipo que debe ser muy conocido por aquí, Joey Scaggs, humorista satírico de la televisión, monta un numero de critica abierta a la administración Bush. Allí están, caricaturizados, toda su prole: Colin Power, Rushman y Condolezza, con el propio Bush (el mismo Scaggs) sentado en un retrete abierto al publico que corea la pantomima ante el escacharre general. La plaza está muy cerca de la universidad neoyorquina de GreenwichVillage y en esa zona la gente lo entiende todo a la primera. Como, seguro, Steve Marchen, un estudiante madrileño de arte escénico, de padre americano y madre aragonesa, que nos sirve un guacamole estupendo en la taberna La Palapa Rockola. Estudia cine e interpretación y se paga los estudios entre tacos y tequilas.

En el Madison anuncian la llegada de Prince, 12 y 14 de julio, dos días después de Riky James, una de sus referencias mas claras, junto a Teene Marie, aquella chica de Detroit a quien creíamos desaparecida para la música. Otros que estarán por aquí este mes son Elton John (13 y 14 en Radio City Music Hall), Rush; rockeros AOR insufribles (18 y 19), Diana Krall y Elvis Costello, juntos pero no revueltos y hasta el impresentable Julio Iglesias, el 8 de octubre nada menos.Yo me quedo con la aparición de Smokey Robinson en el histórico Apolo de Harlem, el 22 de este mes y las visitas obligadas, esté quien esté, al Village Vanguard, Blue Note, Birdland, CBGB (cuatro grupos cada dia) y lo que surja, que aquí es lo que se lleva.

Aún ando impresionado por la cantidad de artistas universales que puedes contemplar en Nueva York, casi como si estuvieran aquí vivitos y coleando. Paul Cezzane y Camille Pissaro, sin ir mas lejos. El MoMa regala la vista con una retrospectiva de los dos colegas, aliados en una época en la que había que romper con la pintura clásica. Fantástica, emotiva, dos estilos diferentes presentando una alternativa al clasicismo impuesto: rompamos los códigos establecidos, acabemos con lo estilísticamente correcto. Pissarro llego a decir en aquellos anos, segunda parte de la centuria XIX, que en su opinión, “había que prender fuego al Museo del Louvre”.
Jorge Oteiza, el vasco, continua en el Guggenheim de Central Park ante la admiración de propios y extraños. Es otra recopilatoria, pero sus miniaturas son autenticas bellezas muertas o almas vivas que reposan en el desván del abuelo.Allí, en el “Guggy” de la Quinta también descansa una permanente extraordinaria de Kandinsky, otro rupturista o de Hilla Rebay, en la que con dibujos, cartas, fotografías, documentales y exuberantes pinturas se cuenta poco menos que la vida de esta inconformista, relacionada directamente con el propio Solomon Guggenheim.

Y luego está la historia mas reciente de la ciudad...Liza Minelli que saluda con la mirada cuando te la cruzas en la calle 69, junto a Park Avenue; el café Carlyle, donde junto a la actuación cada lunes de Woody Allen se anuncia otro día a Eartha Kitt; la galería Ethan Coen Fine Arts en Tribeca, estos dias presentando unas instalaciones de Taliesin Thomas; el restaurante de Michael Jordan en Central Station, donde si bien es improbable que te encuentres al más famoso alero de la historia de la NBA sí es factible probar unos macarrones con queso que confeccionan con la receta de la mamá de Jordan. Por cierto, allí mismo, en Central Station está el Oyster Bar, la mayor concentración de clases de ostras jamas vista en un comedor. Alli, mi amigo y paisano Andres Gómez Flores compartió los bichos con Francis Ford Coppola. Es la City, con lo que ello significa de fantastico... y de real.


El Imperio del Vinilo

A Arrested Developement les puedes ver estos días en uno de esos festivales que se organizan en diferentes parques de Manhattan. Free, o sea, por el morro, mientras degustas un grasoso perrito cuya mostaza te rebaña la muñeca. River to River, se llaman. Y también a D.J. Rich, Bras Construction, Sugarhill Gang, The Frames... En los City Parks Concerts estuvo el otro día Jerry González, el trompetista y percusionista, de origen cubano, con su banda Fort Apache.
Pero para los amantes del dub, cientos de clubs ofrecen la oportunidad de ver los mejores dj’ s del continente. Sin ir mas lejos a James Lavelle, Masters at Works o Blaze, incluso juntos, se les veía el dia 20 en el club Cielo. Son especialistas del scrash , del deep house y, en estos casos, de las mezclas, de las fusiones, loops y sampleados. Cada noche, sobre las diez, abren sus puertas con precios muy asequibles y en muchos casos con entrada libre. También se da los que se ponen estupendos a la hora de recibir a los invitados, guardar las formas visuales vamos, la estética o llevar dos vinilos como pendientes.
New York, por cierto, sigue siendo el imperio del vinilo. Existe un culto exagerado por las piezas de 12 y 7 pulgadas. Estuvimos en la, se supone y así lo comentan los especialistas, mejor tienda de discos de jazz del mundo; Jazz Records Center (entre la séptima y octava avenida). No se ve a simple vista de calle, hay que subir a un piso octavo donde tras una puerta, como si fueras a la consulta del podólogo, aparece la octava maravilla del mundo. Cientos, miles de vinilos, exquisitamente organizados en un montón de habitaciones (no olvidemos que hablamos de un piso normal de una casa normal). Piezas de coleccionismo ortodoxo. De esas que reúne el dibujante Robert Crumb, de principios de siglo y, evidentemente, colecciones completas de los más grandes artistas del genero. Viendo tanto vinilo; tanta portada, tanto diseño, te sientes abrumado para comprar si no llevas tu lista de sueños preparada. Entre otras cosas, me hice con un gran mural donde se explica extraordinariamente el árbol genealógico del jazz. Desde Scott Joplin hasta las pedorrillas de Diana Kral o Norah Jones.
Mas tarde comprobaríamos que si habíamos estado en la tienda de discos mas reputada del mundo, las calles del Soho, Tribeca y el Village no le llegaban a la zaga en producto discográfico de vinilo: veneración por el disco tradicional, donde encuentras ofertas, intercambios o aquel disco de la Messenger Service que no llegó a España. Pura envidia del regusto por la música condimentada. Las famosas tiendas Tower Records, Virgin Megastore, J & R y HMV (la veterana Voz de su Amo) ofrecen el producto que ofertan sus filiales europeas: cedés de moda, quizá algo de historia y poco mas.

Las Caras de New York

Las caras de Nueva York son caleidoscópicas. Como esas postales tridimensionales que venden en Chinatown. En ellas se esconden muchas veces el sufrimiento de vivir en la gran urbe. Los “homeless”, por ejemplo, esos personajes que conocemos de las películas que cubren su cuerpo con una gran caja de cartón en el ultimo rincón de la ciudad cuando cae la noche. El otro dia ví a dos polemizando sobre el grosor de su cartón: “el mio es del Tipo 2”, “el mio un 4 de la Trump Corporation, nivel 9”... cuestión de suerte o de astucia. Willy Domingos, un portorriqueño regordete-taburete con camisa de diez mil flores vendía sandwishes a 5 centavos en el metro. A saber de que serian los bocatas. Willy tenia el “feeling” gastado, se le notaba, como si no creyera demasiado en su mercancia. Nadie compró uno. Se bajo en la siguiente estacion sin rechistar. Mas tarde le vi en un andén con su bolsa de guruños como si tal cosa. Willy Domingos no ha vendido uno de esos malditos bocadillos en su vida, seguro, pero mañana repetirá la operación. Debe padecer de obstinación en grado desesperado superlativo. Charlie Bisop no. Charlie es un cubano de garganta estática que canta regular tirando a mal y toca la guitarra peor que yo. Pero Charlie es astuto y se ha buscado de compañero un musico búlgaro académico del violín. Ha arreglado unas canciones de Joaquin Sabina, de Juan Manuel Serrat, de Pau Dones (ésa de ”La Flaca”) y algún standard yanky y se ha plantado en el Anyway Cafe, en la mejor zona de Greenwich Village. Es simpático y confraterniza con la gente, pero a mi me repateó su version de “Walk on the wild side” del icono neoyorkino Lou Reed. La presentó como si fuera de Albert Pla (el lado mas salvaje de la vida) y se quedó tan tranquilo. Me cucaba el ojo el muy pillo. Es vulgar, pero listo como los tejones. No se puede decir lo mismo de Joey’ s Sykes, un patán que machacaba los oidos en el Smith’ s Bar, en la Octava Avenida, cerca de Times Square. El tipo es vulgar, pero torpe. Dios tampoco le llamo para tocar la guitarra.

Para astutos los judíos (a ver si lo voy a descubrir yo ahora...). Un puñado de ellos han montado B & H, una macrotienda fotográfica que ocupa una cuadra completa en la Novena Avenida. Les ves a todos con sus trenzillas hasta los hombros, de riguroso traje negro y camisa inmaculadamente blanca y una disciplina abrumadora: uno te explica el modelo que buscas, otro te lleva donde está, otro te dice el precio, otro te lleva la mercancia a la caja, otro te la cobra y otro te la entrega, todo en departamentos diferentes, pero que guardan una ruta coherente,como el Tren de la Bruja en la Feria de mi pueblo. La tienda es formidable, de lo mejor y más reciente que uno ha visto en el mercado. Asi está, a rebosar.

Mappelthorpe ha vuelto, bueno el no, su obra. El murió de sida en 1989. Aqui se cuida mucho al bombero, ya lo hemos dicho en alguna ocasion. También a sus iconos: Andy Warhol, la Tin Pan Alley, Robert de Niro, Jackie Kennedy tiene un lugar preferencial en el gran lago de Central Park, como John Lennon, y ...Mappelthorpe. Cientos de sus fotografías coronan tres de los pisos del Guggenheim desde el dia 1 de éste mes de julio. Para la ocasión han logrado traer unos cuantos grabados maravillosos del Museo Hermitage de San Petersburgo. Son grabados de mitad del segundo milenio que representan el lado mas musculoso de la vida, Cain matando a Abel y esas cosas. En ellos se inspiró el artista para sus fotografías y sus modelos, entre los que no podia faltar un jovencisimo Swazenegger, ademas de sus coetáneos contemporáneos, Warhol, claro. La exposición es bellísima a la par que atrevida: cuerpos desnudos por doquier en una coreografía estremecedora. Ahora es la sensacion de la ciudad. Me alegro mucho de estar aquí para verlo y...contarlo.

Textos y Fotografías: JAF
Página colgada originalmente en STONE el 11 de marzo de 2008.

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