5.1.10

Capítulo IV. La Generación del Juvesonic


                                                        EL TESORO DE LODARES
                                       
                                         IV. LA GENERACIÓN DEL JUVESONIC



 


Con patillas largas,
estrecho pantalón,
un jersey a rayas,
aunque llame la atención.
Soy así.

Luis Arteaga había acudido aquella mañana del 64 a la sala de fiestas Capitol. El hijo del dueño, Pepe el Choni, le había encargado días antes que tenía que decorar la sala de una forma distinta, darle un ambiente renovado. El Choni sabía que Arteaga era un artista en ciernes y que sus ideas renovadoras y modernas harían que el Capitol variara su fisonomía ostensiblemente. Quería acercarse más al público joven de Albacete que comenzaba a vestir a rayas, a cuadros, con botines, vaqueros, o...





Con traje de Al Capone,
chaleco de Elliot Ness.
yo viajo en metro
y me toman por inglés,
Soy así.
(Los Salvajes)

Lo que de ninguna manera podía imaginar Luis Arteaga era que El Choni le iba a salir con aquella guitarra de cuatro cuerdas, que imitaba al contrabajo clásico y que además para que sonara había que enchufarla a una especie de maletín con altavoz. El Choni decía que aquello era un amplificador, pero no era un amplificador cualquiera: su nombre de marca era Juvesonic. Un Juvesonic de 8 vatios. Pepe El Choni sacó su "jazz" (pocos jóvenes sabían en la comarca que aquel enjambre de tambores y platillos  recibía el nombre reconocido de "batería", batería musical) recién comprada y la colocó junto al amplificador Juvesonic. Allí, entre los dos jovenes aspirantes a músicos, rodeados de pinturas y bocetos, organizaron una jam-session. Esperpéntica, inaudible, pero posiblemente la primera e histórica jam-session protagonizada por chavales de menos de 20 años en Albacete.
Algo si que estaba cambiando en la ciudad.
Amplificador Juvesonic
Haciendo cuentas, repasando la documentación facilitada por muchos de los protagonistas, me encuentro al entrañable aparato amplificador en el comienzo de todos los grupos de aquellos años. Desde luego, las distribuidoras valencianas Lluquet y Alberdi encontrarían en los jóvenes músicos de nuestra ciudad un auténtico filón de ventas, aunque cabe señalar que muchos de aquellos amplificadores pasaban de unas manos a otras a un velocidad vertiginosa. Su precio original era de 5.000 pesetas, pero cuando llegara a la cuarta mano, que llegaría, seguro que no se vendería por más de un billete verde de la época.

Año 1965. El Cine Astoria un domingo por la mañana en un festival pop.
A la espera de que el Juvesonic entrara en acción el personal despedía los domingos como podía. Desde luego el guateque particular era el rey de los domingos. Pero no en todos los guateques se partía el "chicharrón" apetecido y desesperado; sobre todo cuando te salían "chicas cara al sol", aquellas que acababan con el brazo exhausto tras dos horas de repeler los mil intentos de quienes buscaban algo más que conversación cuando sonaban las lentas, teniendo en cuenta que en muchas ocasiones estarían por allí los padres o los hermanos para garantizar las buenas formas. Existían también aquellos interminables paseos por el Parque de los Martires y la calle Ancha (Tesifonte Gallego), circuito habitual de los tímidos/as, donde los únicos que sacaban algo en claro eran los piperos: el Puntapuros, la Ramona y El Chaqueta, al que dicen que le tocó la lotería sin haber explicado a nadie aún qué diablos hizo con aquel dinero inesperado porque su negocio fue siempre de mal en peor. Fueron los reyes de las pipas dominicales, testigos presenciales de más de una pareja que se consolidó en aquella deprimente recta urbana. También estaba el otro paseo por excelencia, el de la feria, pero ése estaba reservado para otras aficiones más terrenales: la tómbola de Caridad y los caracoles.
En la calle Joaquín Quijada se hicieron unos guateques estupendos a base de acordeón, batería y refrescos Nick. Le llamaban el Baile del Veracruz y tenía una terraza para aliviar sofocones. Otros bailes más peleones se hacían en un corralón de la calle Tejares. Se abría solo en verano y "allí se iba a arrimar la cebolleta", dicen muchos testigos presenciales. Un "rasca panzas" le llamaban a aquello. Se bebía cuerva y paloma y caiga quién caiga. A los mozos que no volvían a casa esa noche mojados se les recetaba una ducha fría para disminuir dolores molestos.
Los Vergara, dos hermanos que estudiaban en el Instituto Bachiller Sabuco organizaron unos guateques formidables junto a lo que hoy es la Cámara de Comercio, en plena calle Tesifonte Gallego. Estaban siempre a rebosar por personal de aquel originario centro de estudios y aunque no tuvieran mala fama ni mucho menos más de uno salió de allí novio y para casarse.
Guateques sesentinos con Sandie Shaw y Los Brincos de estrellas, siempre servidos en picús con agujas de pizarra y altavoces reventados. Domingos de tensión, de espera, de angustia emocional. También estaba el club de Los Trasgos un guetto inaccesible; nadie que quisiera guardar las formas en aquellos tiempos debía intentar acercarse lo más mínimo a aquel "antro de perversión" de la calle Pablo Medina.
El club de los Valero era distinto. También ciertamente selectivo y de concepción aperturista, además, en el club de los Valero podía hablarse, y mucho, de fútbol entre otros temas. Sus dueños y anfitriones eran los hermanos Valero, Ignacio, Fernando y Quica, tres hermanos que crecieron bajo el constante influjo del balón de cuero y Peter, Paul and Mary, por ejemplo. Su madre era una de las piezas fundamentales de aquel club de jóvenes. Estaba situado en la calle del Muelle y ocupaba la planta baja de la casa donde vivían. Allí se hacían reuniones y guateques, allí ensayaba algún conjunto con pretensiones, el grupo Los Chicos las tenían y allí se montaban unas interminables tertulias que solían acabar en la misma cocina de la casa, en el primer piso, con la madre de los Valero como centro coordinador:

-A veces, había más gente en la cocina hablando con la madre de los Valero que en el resto del piso. Era una mujer encantadora (José Ángel Salcedo, bajista de Los Chicos).

En el club de los Valero se escuchaba la música más avanzada. Posiblemente fuera en aquellos años (64-65) el único lugar de Albacete en el que se pudiera oír a los grandes ídolos americanos casi desconocidos en España aún: Brothers Four, Kingston Trio, los mencionados Peter, Paul and Mary, Pete Seeger o aquel poeta de Minnesota que había acudido al mismo lecho de un agonizante Woody Guthrie, Bob Dylan. Allí sonaban habitualmente todos los grupos del Merseybeat o de lo que ya comenzaba a denominarse Liverpool Sound o simplemente música Beat: The Beatles, desde luego, Gerry and The Pacemakers, Jerry and The Dakotas, The Searchers, Spencer Davies Group, The Kinks, The Who, The Hollies (a los que Ignacio Valero adoraba), The Small Faces y por supuesto, el típico disco alemán de importación de Rolling Stones. Para ello además, los Valero contaban con la inestimable ayuda de un inquieto chaval, José Poveda, que con el tiempo acabaría siendo de la propia familia al casarse con la única chica de la casa, Quica Valero.
Aquel club, sin duda, marcó una época en Albacete, una de las mas divertidas, apasionantes y creativas de la villa. La extremada juventud de todos los que lo frecuentaban hizo que se convirtiera con el tiempo en un auténtico vivero de artistas, repito no solo de la música, pintura y literatura sino también del mundo del balompié. (Ignacio Valero fue un excelente interior del Albacete Balompié juvenil).
Así respiraba el Albacete musical de aquellos años. Guateques, clubes pseudoprivados y paseos, muchos e interminables paseos calle Ancha arriba y abajo: Puntapuros al poder. Con Los Jabelc, ya reestructurados por Leopoldo Martinez jr. que había abandonado la tentación de enseñar al que no sabía, para dedicarse más de lleno y con garantías al contrateo de galas y bolos provincianos con personal especializado y con Los Lider Jazz, otra orquestina de menos renombre.

Los Star´s en los Jardinilllos.
Lomas es el tercero de abajo a arriba
En ésa situación, Jimmy Lomas no podía quedar al margen. Pronto empezó a renovar personal e instrumental para conseguir aquella banda musicalmente decentilla que tanto había perseguido desde los tiempos de Los Remos. Reclutó a Antonio Fernández como batería, una "Premier" con caja "Ludwig"; a Luis Picazo se le compró un equipo de voces de 100 vatios y Alfonso Romero, Foncho, cambió sucesivamente su "compañola" por un órgano de fuelle, de esos que imitaban el sonido auténtico del órgano "Hammond" de Jimmy Smith o Lou Bennet y definitivamente después por un "Farfisa" de doble teclado. Auténtico lujo. Los guitarristas fueron Paco y Enrique Cantos que utilizaban guitarras "Gretch", muy conocidas entre los grupos de relumbrón. Jimmy se compró un bajo "Jomadi" que aprendería a conocer con otro joven músico que empezaba, Luis Arteaga y amplificadores que fueron desde el Juvesonic de 8 vatios hasta alcanzar progresivamente los 100 que daba el "Jomadi", pasando por los 80 también de la misma casa. Jimmy Lomas consiguió así su grupo, el que recordará y recordaremos como la única alternativa a Los Trasgos, formados y equipados también esos días. Al grupo le pusieron el nombre de Los Star`s.

Los Star´s, con Luis Picazo al micrófono
Los Star`s fueron un calco de Los Jabelc, aunque por su juventud la gente solía compararlos más con Los Trasgos. Vestían de uniforme trajeado, es decir, chaqueta, chaleco (los de fieltro verde que Jimmy había ideado para Los Remos), corbata y pantalón oscuro. Eran pues carne de Casino Primitivo y bailes de empaque. Su repertorio también era comedido. Nada de estridencias, nada de excentricidades. Jimmy Lomas era su figura, su piel morena era un reclamo constante para las chicas y él sabía jugar con ése rol que en definitiva había buscado con tanta fe. El resto del grupo era demasiado discreto. Luis Picazo lo hacía bien, pero era muy estirado y la frialdad excesiva y los aires de pretenciosidad de los demás les hacían siempre estar distantes de su público, que lo tenían. Durante una época traté mucho a Foncho, el teclista. Resultó para mí una sorpresa encontrarme con un tipo tan tremendamente simpático y cordial, algo que nunca reflejó en escena, al menos en los tiempos de Los Star`s. Fueron renovándose paulatinamente con miembros de Los Jabelc (entre los que se encontraba el propio Leopoldo Martinez jr.) hasta convertirse en Fácil de Recordar.

A la generación del Juvesonic también pertenecen muchos de aquellos grupos surgidos de los barrios periféricos de la ciudad, currantes de las profesiones mas tradicionales (panaderos, cuchilleros, carniceros, mecánicos, etc.) como Los Ronnys, Los Tercos, Los Nijar o aquel conato hardcore que tuvimos aquel año, 1966, aunque de duración efímera: The Pobres and The Miserias.
Ensayaban en lugares inmundos, rodeados de chatarra, tinajas de vino común o desperdicios de toda índole. En cocheras, bodegas o locales abandonados, con el consiguiente alboroto del vecindario.

Los Ronnys en el Teatro Circo
A Los Ronnys les conocí en una bodega precisamente. Acababan de llegar de Valencia con instrumental nuevo y estaban sorteando el material a excepción de un par de Juvesonic que les habían comprado a Los Anélidos. Federico Sierra, que terminó de batería, decía que se sentía capaz de abordar aquel sillín de percusión sin temor a equivocarse, al menos en un número inferior a cuatro temas. Agustín Alajarín, el panadero, alma máter de la formación, tenía que ser lógicamente el guitarra solista. Sus conocimientos de bandurria y laúd eran muy avanzados y estaba en disposición de acometer empresas mayores. Los plumíferos Paco y José Luis (trabajaban en Industrias Jabalina) serían los otros dos guitarras. El puesto de cantante me lo dieron a mí porque cuando me llegó el turno de la prueba me desgañité hasta el paroxismo cantando el "Twist and Shout" beatlemaniaco. En esos días también preparamos "Válgame la macarena" de Los Cheyennes, que a mí me salía muy bien. Faltaban cuatro días para nuestra presentación en el Teatro Circo y no había tiempo que perder.

Los Nijar. De izquierda a derecha Isidro,
Ramón, Narciso y Morgan. Sentado: Adolfo
Los Nijar tampoco lo perdieron. Aquella mañana de domingo también estuvieron en el Teatro Circo, reclutados por Maximino Crespo, que no paraba el hombre de organizar eventos. El problema inicial de los Nijar, como en tantos otros grupos, consistía en afinar la guitarra de bajos. Aquel instrumento era el coco de cada banda. Nadie tenía idea de tocarlo ni sabían para qué servía ni por supuesto cómo se afinaba. Isidro Martinez era el mas avanzado del grupo pero él tampoco sabía como se manejaba aquel artilugio. Menos mal que las fuerzas vivas de la ciudad entonces estuvieron allí para sacarles del atolladero: Jimmy Lomas y Miguel Núñez, los héroes de las "Teddy". Ellos fueron quienes les afinarían aquel "Jomadi" y quienes se lo entregarían preparado y a punto a Narciso, el joyero, nombrado por votación unánime bajista oficial de la formación. Al feo Ramón, carnicero, miope y hombre singular donde los haya le tocó la batería. Posiblemente por su miopía, a veces no alcanzaba a darle a la caja lo que repercutía automáticamente en el resto del grupo que a mitad de la actuación se volvían con intenciones intimidatorias que cesaban automáticamente cuando le veían, ahí sentado, siempre sonriente, detrás de sus gafas, sin calcetines y asomando la entrepierna por la enorme bocaza de su pantalón campana. Ramón era un fenómeno. Como Andrés Serrano, "Morgan". Otro tipo patibulario. Al Morgan le dieron una "Sony" verde, como la que utilizaban Los Stars`s y le sacó todo el partido del mundo. Pero es que Morgan también fue un tipo especial.

-Yo tenía otras ideas. Siempre he sido muy extravagante, muy neurótico (Andrés Serrano, Morgan).

El puesto de cantante fue para Adolfo Díaz Montero, El Pava, que entonces vendía cocinas y al que recientemente le sonrió la fortuna en un sorteo de la ONCE.
Con aquel material humano y unos cuantos ensayos en la calle Collado Piña Los Nijar se presentaron en el Teatro Circo cantando como los demás "The House of the rising sun" de The Animals y "Sattisfaction" de Rolling Stones, no sin antes aguantar las broncas del padre de Ramón, el carnicero, que hacía las veces de pre-manager:

-¡No fastidiarme, si tenéis que sacar esa canción en Do, como si tenéis que sacarla en Tré, pero sacarla!, decía.

Los Nijar, debutarían en la provincia unos días después. Fue en Madrigueras a cambio de una caja de Mirindas.Contaron con la furiosa oposición del llamado "Cojo de Madrigueras" que tenía encantado al personal con sus impresionantes conciertos de acordeón. El famoso "Cojo" les echó el público encima aduciendo que no estaba bien que unos mocosos le quitaran su pan vistiendo de aquella forma y utilizando instrumentos tan raros. Aquel día ganó la razón porque también en Madrigueras había gente joven que quería cambiar el mundo.

Los Chicos. José Ángel, el Pichi es el segundo por la drerecha
Otro grupo que destacaría pocos meses después fueron Los Chicos. Por entonces ya Los Trasgos habían estado en Tarragona y habían recibido popularmente el padrinazgo de Los Brincos. Lo que indujo al joven grupo local solicitar el nunca bién explicado padrinaje a los propios Trasgos, que se lo concedieron sin ningún problema. Aquellos apadrinamientos debían consistir en que los padrinos hablaran siempre bién de sus ahijados, les ayudaran a conseguir algún bolo de teloneros suyos y poco más, pero entonces eran cosas muy comentadas en el argot musical.
Los Chicos comenzaron a la vieja usanza, es decir, reunidos en un local, en este caso el club de los Valero, en torno a unas guitarras españolas y una mesa camilla golpeada con aquellas agujas largas y finas de bordar, cantando canciones de moda, lo que tratándose de aquel club era ir por delante de lo que habitualmente se escuchaba en la radio. Prácticamente eran todos estudiantes cuando Manuel Pozo, José Angel Salcedo, conocido después como El Pichi y Jesús Arbugel, que era el de las agujas, jugaban a tener un grupo pop. Una realidad que no esperó mucho al incorporarse a aquella tertulia musical Josele, un chaval que tocaba francamente bién la guitarra y otro alumno del Instituto Bachiller Sabuco, Pepe Molina.
Cartel del recordado Festival Pop del Astoria
Debutaron en la explosión Trasgos del cine Astoria que muchos vivimos, cantando "This boats are made for walking" de Nancy Sinatra y tocando el instrumental Shadows "Apache". Aquel dia es que prácticamente todos los grupos tocaron bien, tanto, que del alboroto que se armó no hubo nunca más otro festival musical en ése cine, pero es que Los Chicos lo hacían reálmente bien. Eran jóvenes y sin tanto desconocimiento como el resto de grupos que se conocían. Tenían la fuerza heredada e, imagino, que asesorada de Los Trasgos y todo el tiempo por delante porque el servicio militar aún les quedaba lejos. Su repertorio, como el de casi todos los grupos de esa generación, estaba repleto de versiones de versiones, es decir, de lo que tocaban Los Salvajes, Los Mustang, Lone Star, Los Sirex, que no era otra cosa que lo que se inventaban desde el Reino Unido The Kinks, The Who o The Troggs, pero aún así era un repertorio diferente al que manejaban otros grupos, demasiado pendientes del hit-parade popular. Su punto culminante lo alcanzarían en otro gran festival que se organizó en la Plaza de Toros, posiblemente la primera concentración popera que se celebró en, por aquel entonces, tan disparatado escenario.


En un año, Albacete había generado una actividad músical sorprendente. En invierno, clubes privados, salas de fiesta, macro-conciertos en cines, fiestas de estudiantes (ya estaba en marcha el Mixto 2) y algún guateque aislado; y en verano, la feria y sus innumerables pabellones que contaban obligatoriamente con actuaciones de grupos pop, las terrazas verbeneras, incluso la Plaza de Toros...y el Whisky Club.
Sin duda, el Whisky Club marcó la diferencia en lo que a modernidad y puesta punto se refiere. Estaba ubicado en lo que anteriormente había sido la bolera oficial de la villa, situada al sureste de la periferia, en plena carretera de circunvalación. Cuando los hermanos Haya, Vicente y Paco, dos valencianos que se comían el mundo, se hicieron con el solar aquello no había por donde cogerlo. Era una ruina absoluta. A los bolos no se podía jugar porque aparte de dejarte un dedo en los agujeritos de aquellos pelotones carcomidos tu disparo podía llegar a cualquier parte menos al bolo. El circuito era un todo terreno, lleno de agujeros pedregosos y yerba borde. Si a eso le añades un cuchitril infame para cambiarte y el aroma de la conocida granja de cerdos que asola cada verano el aire de la ciudad y que estaba a pocos metros de allí, el panorama podía ser desolador. Los Haya habían aprovechado el centro del tremendo solar para cubrir el suelo de terrazo, simulando lo que debía ser la pista de baile y el escenario lo dejaron como estaba originalmente, es decir, una escalerilla con 3 pequeños peldaños que situaban al grupo ligeramente más elevado que el resto del público. La puerta de entrada ni la tocaron, ni la ha tocado nadie hasta nuestros días. A la derecha del supuesto escenario colocaron la obligada barra, animada por una juke-box con los discos mas novedosos del momento. Allí sonaban The Animals pletóricos en "We Gotta out of this place".
El Whisky Club lo inauguraron en el verano de 1966, Los Jabelc y como teloneros Los Ronnys y por allí pasarían intermitentemente el resto de grupos de la ciudad y posteriormente la flor y nata del pop nacional. Sí, allí, en aquel tugurio prechatarrero, estuvieron exhibiéndose Los Pop Tops, con un Phil Trim escandalosamente desmadrado; o Bruno Lomas, que paseó esos días su deportivo descapotable por toda la ciudad siempre repleto de nativas intrépidas. A él, al gran rockero valenciano se le debe la entrada oficial de los primeros porros de haschís, marihuana o vete tú a saber que tipo de exótica yerba magrebí en la ciudad.

-La primera vez que me fumé un porro creí que me estaba fumando un "boñigo" (Andrés Serrano, Morgan).

Y Los Íberos, Los Ángeles, el holandés Tony Ronald, antes de su explosión "Help", Miguel Ríos, ya sin el "Mike" de reclamo, Lone Star, todos pasaron por el Whisky Club en su época esplendorosa. Las sesiones se montaban los domingos por la tarde. Por 300 pesetas tenías derecho a traspasar aquel impresentable muro de vergüenza, oler a excremento de cochino y gritar todo lo que podías a tu estrella favorita.
Vicente y Paco Haya se lo montaron divinamente porque fueron conscientes de que eran la única alternativa a explotar los nuevos movimientos juveniles tan extraños a los prebostes locales y el Whisky Club, aquel antro maloliente acabó siendo un auténtico jardín popero, repleto cada domingo de auténticos modernos/as y sonorizado por la genuina música pop que oía el resto de España.
Por cierto, que uno de los pocos grupos que faltaría a su cita obligada en el Whisky Club fueron The Pobres and The Miserias. Aunque justo es decir que aquel grupo faltaría a otra muchas citas populares dadas sus especiales características.
"Conocí al Cuchiche y por su aspecto me dije que ése tío podría cantar "underground", como después harían Jimi Hendrix o Canned Heat. Me puse en contacto con Pepe Robles (Los Anélidos) y se lo dije: Con la pinta que tiene ése y la jeta que tengo yo, no tenemos más remedio que formar un conjunto. Lo bauticé como The Pobres and The Miserias, precisamente en clara alusión a nuestro `look`". (Andrés Serrano, Morgan)

Pepe Robles había dejado a Los Anélidos para cumplir con la patria. En aquellos años se había fraguado una reputada cotización de guitarrero con ideas, suyo era aquel engendro guitarristico conocido como "la asadora" y cuando volvió a Albacete ya estaba el lío armado. Estuvo a punto de entrar en Los Star`s de Jimmy Lomas pero "no me gustaba demasiado el repertorio que llevaban, demasiado finos, demasiado orquestales", reconoce ahora. A Robles le gustaban más Los Trasgos y aquel orondo guitarrista de Los Nijar, llamado Isidro Martínez: "ése tío si que tocaba". A través de Los Nijar conoció a Andrés Serrano, Morgan, con quién, pese a su conocida timidez, empezó a llevarse de perlas.
"Morgan estaba demasiado loco, hacía cosas realmente avanzadas para aquella época. Siempre quiso hacerlo más raro. En el pueblo que tocásemos como le diese el punto ya no volvíamos". (Pepe Robles)

Foto oficial de The Pobres and The Miserias.
Los tres de abajo de izquierda a derecha son
el Cuchiche, Morgan y Pepe Robles
Agustín Alajarín, de Los Ronnys, les presentó un día a un tipo extraño, algo introvertido. Vestía de riguroso luto, gafas negras que le ocultaban siempre los ojos y una melena que caía sobre sus hombros, una provocación para aquella época. Se llamaba José Antonio, pero todos le conocían como "El Cuchiche". El tipo andaba por aquellos días frecuentando todos los ensayos de los grupos porque quería ser cantante y famoso y sus padres le habían comprado un formidable equipo de voces y muchos de aquellos grupos aún estaban con los micrófonos de cristal de Casa Cuevas, Mayor 45 o todo lo más de aquellos primitivos ejemplares de la casa "Shure". El Cuchiche tenía pese a todo una pega: cantaba horriblemente, desafinaba sin cesar y además, como dice Morgan, cuando cantaba se parecía más a Jaime Morey que a Jimi Hendrix. Eso sí, verle era todo un espectáculo.
Morgan pensó que aquel era su hombre y desde entonces dedicó los siguientes meses a aquel grupo que había nacido por la vía estética más que por la técnica.
"Realmente el grupo nació como una extravagancia más mía". (Andrés Serrano, Morgan)
En los pueblos les anunciaban como "Che Pobres and Che Miserias", el bombo de la batería estaba pintado al óleo: un par de fémures entrecruzados y en su repertorio, repleto de nuevos éxitos británicos y americanos, entre los que destacaba curiosamente "The Sound of Silence", de Simon and Garfunkel, figuraba, quizá, la primera composición propia de un grupo albaceteño. Se llamaba "Las Flores del Cementerio" y pertenecía a la sinuosa imaginación de Morgan. Cuando la tocaban, Cuchiche se retorcía espasmódicamente aferrado a su impecable "Eko" y emitía sonidos ininteligibles mientras Morgan, que previamente y ante el público había roto una botella de Dyc, se introducía el cuello de la botella por un dedo y recorría el mástil como si estuviera levitando, de arriba abajo un número indeterminado de veces hasta lograr el nirvana escenográfico. Lo nunca visto, y repetido, en Albacete.
The Pobres and The Miserias no llegaron nunca a cobrar un solo duro por actuación. Sus escasas comparecencias acabaron siempre en trifulcas. Como en Minaya, cuando Morgan le quitó la boina a un viejete que estaba en primera fila. Sí, fueron un poco los precursores del sonido hardcore en Albacete.
"Si tú dices que lo que hacía Cuchiche es la esencia del rock vale, pero yo creo que cantar es otra cosa. Lo nuestro no era hardcore, ni nada parecido, era simplemente que nos salían mal las canciones". (Pepe Robles, guitarra de The Pobres and The Miserias)
José Antonio, el Cuchiche, efectivamente era un personaje de leyenda. Había tenido una infancia de vericuetos extraños, hijo único y de padres mal avenidos era lo que se dice un hijo consentido aunque no perteneciese, como yo pensaba, a una familia "bien". Su adición temprana al alcohol y su avanzada pose ante la vida le distanciaba totalmente del resto de los currantes del pop en la ciudad. Era el esteréotipo genuino de la estrella del rock sin, ni mucho menos, serlo. Había leído cosas sobre John Lennon, Brian Jones y Jimi Hendrix y quiso hacerlas realidad, personificarlas en él mismo, en Albacete, en aquel Albacete provinciano y mojigato de entonces, con un Botija de alcalde y un Fernando Gotor, que ya empezaba a destacar en los bailes de disfraces del Casino Primitivo, cuando se presentaba con unas copas de más diciendo que iba vestido de Fernando Gotor, preguntándole a la primera moza que pillaba: ¿y tú de quién eres?.

El comentario de la calle Ancha en aquellos años era el tiempo que había hecho Ayuso en los 100 metros de los campeonatos escolares juveniles, avalados y dirigidos por la Delegación Provincial de Deportes repleta de trepas falangistas hasta las ventanas. Ayuso había realizado un tiempo de 11,20 y aunque estaba un poco lejos de los 9,95 de Jim Hines, lo importante es que "había participado", no como el Cuchiche que se pasaba el día de aquí para allá sin órden ni beneficio.
La inauguración del cine Carretas aquellos días también fue muy comentada porque comenzaron a proyectarse las primeras películas en versión original en la historia de la ciudad, que aunque no tuvieron excesivo éxito de público al menos ofreció la posibilidad en el mes escaso que duró aquella primitiva experiencia de ver "2001. Una Odisea del Espacio" de Stanley Kubrick o las beatlemaniacas "Yellow Submarine" o "How Can Win the War", con John Lennon pelado al cepillo en Almería.

Todo esto traía sin cuidado a Andrés Serrano, Morgan, en aquellos años inmerso en las vanguardias musicales en Albacete con la "asadora" y en su incipiente carrera de medicina en Zaragoza. Morgan, entre curso y curso prácticaba lo que podía con su guitarra verdadera, una "Star Rocking" italiana, imitación de la popular "Galantic". Primero estuvo en Los Nijar, luego llegó la época de The Pobres and The Miserias y acabó sustituyendo a Adrián Navarro en el grupo puntero de la ciudad, Los Trasgos. Entre medias pagaba su carrera en grupos aragoneses y catalanes.
"Estuve tocando un tiempo con Lone Star, cuando Joan Miró se fue a la mili. Había cambiado mi guitarra por una "Gretch Viking" que era extraordinaria, pero vi a Jimi Hendrix tocar con la "Telecaster" y en cuanto pude me hice con una. Aún así, cuando llegaba a Albacete la alternaba con la "asadora"..., es que aquella guitarra era demasiado". (Morgan)
A Morgan le tiras de la lengua y se dispara. Te cuenta cosas increíbles y es que sigue paseando su fantasía aún hoy desde la cuarta planta del Hospital General embutido en su bata blanca que le da mas aspecto de médico del psiquiátrico que de medicina general. Ilustremos varios ejemplos que hablan por sí solos:
"Los Lone Star me localizaron a través de mis padres y llegué a hacer una gala con ellos en un campo de fútbol, el del Gimnástico de Tarragona. Bobby Deglané que estaba en la RCA (¿?) fue quien nos llamó para grabar por lo menos 6 o 7 discos".
"Estuve fregando platos en Palma de Mallorca. Dejé mi teléfono en una casa de discos que había por allí por si alguien necesitaba un guitarrista y me llamaron. Me junté con dos alemanes, un inglés y un holandés. Alquilamos un equipo, ensayamos lo suficiente y llegamos a tocar en el "Barbarella" y en el "New Only Jazz Club". Sólo nos entendíamos bebiendo y tocando la guitarra".
"También fregué platos en Nueva York. Era un viaje de esos que organizaba Cultura Hispánica y que por 7.000 pesetas te plantabas allí. Nos fuimos dos, el Piqueras, compañero de curso que ahora está de médico en Molina del Segura y yo. Nos dieron para barrer unas galerias de 7 u 8 kilómetros. Le dije al dueño, que era "sudaca", que yo no fregaba más suelos y que si conocía a alguien que tuviera una sala de fiestas. El tipo me envió a Miami. Cuando me quise dar cuenta estaba metido en un club "gay" y mientras yo tocaba cosas latinas con mi guitarra el personal dándose por el morro. Me gané medio kilo limpio, recogí al Piqueras que seguía fregando pasillos en Nueva York y nos vinimos otra vez para España".
Aunque del amplio anecdotario de Morgan prefiero esa que dice:
"Estuve también en la Isla de Wight, allí acompañé a John B. Sebastian (el de Lovin Spoonful). Fue el día del agua, una maravilla".
Y aunque uno dude de su compañía en escena con John B. Sebastian en Wight y fuera en Woodstock donde llovió  a Morgan parece no preocuparle demasiado esos pequeños detalles. Naturalmente cuando cuenta que hizo la ruta de Katmandú, que puso una escuela de esquí naútico en Ibiza, que por conducir por la derecha en Tahilandia se chocaron contra un elefante y le abres la boca estupefacto, aprovecha la ocasión para rematarte:
"En Ibiza conocí a Mark Knopfler (Dire Straits). Entonces tocaba cosas de Dylan y a mi me tenía unos pocos celos, aunque fueran compartidos. Ahora él es un monstruo y me queda la duda de si yo lo hubiera sido también. A veces en esto de la música hace falta tener cabeza y él la tenía".
Morgan, el Pirata, uno de los excelsos músicos que debe guardar esta ciudad como prueba fidedigna de que aquí hubo en los sesenta algo más que Organización Juvenil Española, flechas, arqueros y cadetes y bailes de sociedad en el Casino Primitivo. Una sociedad que, desde luego, no veía con buenos ojos que una de sus jóvenes promesas despidiera un año tocando en la célebre sala de fiestas La Herradura, a un paso de la capital:

-Fue fantástico, me comí las uvas con las putas. (Andrés Serrano, Morgan)


Aquella sociedad local que desacreditara, espantada, la figura de nuestras siempre recordadas groopies locales. Aquellas chiquillas que no se perdían un concierto, que estaban en todos los ensayos, en todos los locales donde oliera a transistor quemado, que conocieran uno a uno a todos los músicos, también todos los rincones donde pudiera dormir, beber, comer, vivir..., amar, ése músico. Nadie sabe hoy día qué fue de Sofi, la Sofi, aquella desdentada revoltosa que animaba desde la primera fila cada comparecencia del grupo que fuese. Fea, pero simpática, un ciclón. La última vez que la vieron estaba en Cataluña, "y embarazada" dice quien la quiere recordar con problemas; Toñi, la Toñi, otra simpática de lujo, que te veía por la calle Ancha y se tiraba a tus brazos ante el profundo rubor y vergüenza que sentías de quienes te pudieran ver en tamaño compromiso; y en fin, aquella preciosa rubieta de ojos azules llamada Juli, la Juli, que sentía una atracción especial por los bajistas de cada grupo o Maria del Señor, la Maria del Señor, imponentes ojazos negros al servicio del pop. Nadie las ha vuelto a ver después de tantos años. Aunque, haya ocurrido lo que haya ocurrido con ellas, eso sí, a uno le queda la certeza de que vivieron al límite sus años juveniles, pasearon su contrastada independencia sin el mas mínimo pudor y supieron hacerle frente a unos años hostiles como únicamente se podía hacer: divirtiéndose.

Los Star´s con el equipo de Radio Popular
Radio Popular también supo jugar su papel en aquellos divertidos años. Para ello contaba con la inquieta presencia de los hermanos Aguilar Fernández, Juan Pedro y Paco, con un técnico, Antonio Carpintero apasionado de los directos, las improvisaciones y las experimentaciones instrumentales, efectos y nuevos sonidos con los jóvenes músicos y con un locutor, Manolo Jiménez, pendiente siempre de lo que hacían los nuevos grupos electrónicos de la capital. Era un equipo joven, con ganas y con ideas que solían abrir las puertas de aquel teatrillo locutorio que tenían en los viejos locales de la calle Mayor a los directos y presentaciones. Leopoldo Martínez jr, Jimmy Lomas, Jesús Arbugel y todo el personal de Los Trasgos aún guardan en sus respectivos cajones aquellas grandes bobinas de cinta magnéticas con las grabaciones experimentales, en algún caso simples jingles de promoción de la emisora, en otros auténticas actuaciones en vivo que escuchaban en directo las 50 personas, groopies incluidas, que cabían en el locutorio y por supuesto toda la audiencia que escuchaba "Club Gente Joven", programa estrella que presentaba con indudable éxito diariamente a las seis de la tarde, Manolo Jíménez.
"Lo que hizo toda la gente de Radio Popular por la música de Albacete es incalculable". (Luis Arteaga)
"Aún tengo una cinta con música original nuestra que nos pidió que compusiésemos Juan Pedro de Aguilar. Era un tipo extraordinario, creativo y quería siempre sacarnos lo que realmente llevábamos dentro, no escuchar versiones". (Leopoldo Martinez jr.)
"En tiempos de Los Trasgos les pegábamos la paliza a los de Radio Popular para que nos dejaran escuchar las canciones. Era la única forma de sacar las que nos gustaban. Siempre se lo agradeceremos". (Adrián Navarro)

Sol Naciente, con Antonio Cuesta, Luis el Lobo,
un amigo, Vicente Aldea y Luis `Cotxila´ Arteaga
La desaparición de Los Trasgos no mermó, momentáneamente, la moral de sus dos luises. Arteaga y El Lobo. Una vez en Albacete y tras la segunda intentona con Morgan, quisieron empezar de nuevo con todo lo aprendido en sus viajes por Tarragona y Madrid como Trasgos. Habían admitido con algún reparo las locuras del nuevo guitarrista y el "Sgt.Peppers" de Los Beatles ya estaba en la calle. Aquel disco de Los Beatles planteaba nuevos campos a explorar en la música pop y arrastró consigo todo el sonido beat. Los grupos internacionales de entonces comenzaron a experimentar sobre aquellas bases y a España pronto llegaron los nuevos sonidos de Rolling Stones ("Their Satanic Majesties Request"), Kinks ("Lola versus Powerman and the Moneyground" o Who ("Quadrophenia") desde Inglaterra o Bob Dylan ("Blonde on Blonde") y Beach Boys ("Good Vibrations") desde Estados Unidos. Luis Arteaga estaba enganchado con estos discos que marcaban una nueva era en el pop y quiso imitar aquellos sonidos desde Albacete. Reclutó a Luis Sánchez, El Lobo, de quién parecía no poder prescindir, a Antonio Cuesta, por entonces el mejor y más importante batería de la ciudad al servicio de Los Jabelc y un desconocido, Vicente Aldea, que estaba al tanto de todo aquel cambio de estructuras. Morgan, una vez más debía esperar el verano, con las vacaciones, para entrar en la banda. Al grupo le llamaron Sol Naciente.
Arteaga viajó como adelantado a un nuevo y previsible marco de desarrollo, las Canarias, y para cuando volvió a Albacete, tres meses después, el patio no estaba para excéntricidades: se tuvo que enfrentar a las tres familias de sus compañeros que ya habían hecho planes para sus hijos. La persuasión de Luis Arteaga tuvo que imponerse porque cuando sus colegas se quisieron dar cuenta estaban rumbo a las Islas Afortunadas cantando para todos los turistas, guitarras acústicas y bongos incluidos, en plena terraza del trasatlántico. La experiencia, con todo lo que conllevaba de aventura, no llegó a cuajar. Acabaron en Tenerife, Arguineguín, en un tugurio donde la luz la enchufaban a unos molinos de arena cuyo voltaje oscilaba entre 110 y 190 voltios, bajando cuando menos lo esperaban a 60, lo que fundía automaticamente los amplificadores cada dos por trés. El sueldo que les daban no les llegaba para pagar las reparaciones. Acabaron poniendo la gorra en las calles menos Antonio Cuesta, que se colocó de bongosero en un mesón. El regreso fue inminente y el posterior viaje a donde tanto les querían, Tarragona, ya con Morgan en sus filas, también.
"Estábamos más por la investigación y los experimentos que en otra cosa, "Sgt.Peppers" y cosas así, una locura. Quisimos ir tan deprisa que en las salas de Tarragona tampoco funcionó. El limite en aquel entonces estaba en "My Generation" de The Who. En Cataluña ya estaban por las discotecas y nuestra música les sonaba muy rara. Tampoco teníamos el nivel suficiente para ése tipo de música que nosotros queríamos tocar; seguía faltándonos base y una vez más instrumentos adecuados". (Luis Sanchez, El Lobo)
El final fue irremediable. No quisieron empezar de nuevo a las canciones conocidas y la rutina de otras etapas y tras unas fantásticas actuaciones en la Feria de Albacete (Club Recreativo Cultural) con un nuevo batería de impecable aspecto Cherokee, Dito Alvárez y una memorable sesión en el nuevo club de los hermanos Haya, el Petit Palais, en la calle Dionisio Guardiola, Sol Naciente, el primer grupo de música progresiva de Albacete, cerró filas y desapareció.

El Petit Palais también fué bolera. A Vicente y Paco Haya les perseguían los bolos. Desde luego tuvo que influir su anterior y exitoso local, el Whisky Club, para que al menos como reclamo persistieran en hacer de los albaceteños unos impenitentes jugadores. Pero en el Petit Palais hubo algo más que bolos. El local reunía todos los recovecos suficientes para echar cabezaditas en reservados, escuchar buena música y asistir a algunos directos que permitían a los grupos supervivientes del 64 mostrar sus encantos. El Petit Palais con la música ya enlatada (discos) simplemente avisaba de lo que llegaría con la década de los setenta, aunque para entonces ya funcionaba a toda maquina la primera discoteca de la ciudad, la madre de todas las discotecas albaceteñas el local mítico que recogió en su espectacular pared encalada, tal como una casa payesa, la flor y nata de nuestra joven avanzadilla musical: Xandro`s, más conocida entre sus numerosos discípulos como La Cueva.
Logo oficial de Xandro´s,
de Roberto Turégano
Aquel santuario pop se encontraba en la calle de la Cruz, un callejón prehistórico que no conducía a ningún sitio. Si enfilabas a la caída de la tarde cualquier día la calle de la Cruz es que no ibas a otro sitio que a La Cueva y lo que te recibía en aquella cuesta a la nada era precisamente eso, la mejor música internacional en una cueva. Allí sólo faltaba el champiñón. Fue la primera vez que alguien puso discos a toda pastilla en un local cerrado. El sonido se alimentaba de aquellos rudos amplificadores de lámparas a los que había que airear con abanicos de vez en cuando. Pablo Monedero, Pablo el de La Cueva y Antonio Torrecillas eran sus responsables, aún hoy lo siguen siendo 25 años después. Recibía al personal en el patio de caballos aquel inolvidable portero conocido por los asiduos como Señor Enguidanos, un fiel empleado que le hubiése pedido el ticket de entrada al mismísimo Francisco Franco. James Brown sonaba gigantesco en aquellos muros con "Sex Machine" y Sly and The Family Stone sublimes en "Thank You", machacados, literalmente, por el joven disc-jockey de la villa Manolo Podio en los giradiscos. El estilista, decorador y diseñador albaceteño ubicado ya entonces como profesional en Madrid Roberto Turégano hizo el logotipo que aún hoy persiste como símbolo oficial en los carteles, afiches y pegatinas. El logo, quiero pensar,  está inspirado en la explosiva imagen de Julie Driscoll, cantante británica que en unión de Brian Auger versioneara impecablemente el "Wheels of Fire" de Bob Dylan. No descarto tampoco como modelo a la activista negra de aquellos días en Chicago Angela Davis.
La Cueva, Xandro`s, y posteriormente las discotecas Galaxy, Zodiac, SKorpios, Nexu`s y la mili serían determinantes en el final de toda aquella generación de músicos "juvesónicos".

Fácil de Recordar. De izquierda a derecha: Foncho, Leopoldo,
Antonio Fernández, José Ángel Salcedo, Antonio López y
Juan Rosa, el Rana
En la recta final de los sesenta, no todo eran Morgans,  groopies y cuevas en el Albacete pop. Ya se ha dicho que al mando de Los Jabelc estaba un personaje tan discreto y cerebral como Leopoldo Martinez jr., ajeno por completo a estos movimientos rupturales y sumido en cuerpo y alma en academicismos que no necesariamente tenían que marcar ninguna pauta. Leopoldo lo que quería era tocar la música de moda bien ejecutada y si encima se ganaba algunos duros, pues mejor. Lo hizo con la orquesta que heredó de su padre, rejuveneciéndola, y lo remarcó posteriormente con lo que bien pudo ser la Selección Provincial de Músicos Formales, o sea, el grupo Fácil de Recordar.
Así llamaron Leopoldo y sus muchachos a aquella fusión surgida de los dos grupos más elitistas y clasistas de la villa: Los Jabelc y Los Star`s. Aunque en aquella banda también incluyeran a José Ángel Salcedo, El Pichi, de Los Chicos y a Antonio López, Quijadilla, de Los Tercos. Como al mismisimo cantante de Los Trasgos, ya desaparecidos, Juan Rosa, "El Rana". Alfonso Romero, Foncho, el que tuvo un órgano de fuelle y el mismo Leopoldo eran los teclistas y Antonio Fernández, el batería. En ningún momento cambiaron su concepto y filosofía inicial por lo que se constituyeron en una auténtica orquesta, pese a arrastrar en los micrófonos a aquel encantador de pasiones que en un tiempo reciente había resultado ser Juan Rosa o al mismo Pichi, bajista de los prometedores Chicos. Por su coincidencia con el servicio militar de la mitad de los incautados en la movida del 64 y por todo lo que llegaría después hasta que el último guerrillero hubiera sido pasado por las armas a este grupo bien se le puede considerar como el precursor de la decadencia de los setenta. Aquella década en que salvo, contadisimas excepciones que luego se verán, prácticamente todos los músicos de Albacete a falta de otros incentivos idealistas se dedicaron al buitreo de galas y dinero fácil: las llamadas orquestas de verbena u orquestas de "pachanga". 
A Leopoldo Martinez jr., que demostró tener una inteligente visión de futuro en otras ocasiones esas perspectivas no llegaron a entusiasmarle por lo que al año siguiente deshizo el grupo, se casó, aprobó las oposiciones al Banco Central y si te he visto no me acuerdo, hasta hoy.

Los bufidos finales de aquella caballería incontrolada que en algún tiempo fueron los grupos musicales locales pertenecen a dos bandas que tuvieron más de experimentación y entretenimiento que de proyecto estable. Fueron La Cosa y The Last Time. El primero con casi Los Trasgos, es decir Juan Rosa, Luis Sanchez El Lobo y Pepe Vergara, con José Ángel Salcedo, El Pichi, de bajo e Isidro Martinez, sí aquel de los primitivos Tercos, de primer guitarrista. Fue un poco la continuación de Sol Naciente (El Lobo no se resignaba) y tras un par de buenos conciertos terminaron por dejarlo. The Last Time significó el canto del cisne de El Pirata, aquel Morgan que vencido y humillado como el ejercito republicano, una y otra vez en su propio terreno, terminó dedicándose definitivamente al difícil arte del rejoneo humano: la medicina.
José Ángel Salcedo seguiría experimentando un poco más ya en los setenta y después de acabar la mili, el Pichi se enrolaría en una banda americana, en Cincinatti nada menos, donde perfeccionó su inglés hasta vivir de ese idioma el resto de sus días. La banda se llamaba Riddle Road (El Camino de la Adivinanza) y su repertorio estaba formado por clásicos standard del rock and roll y los entonces rompedores Credence Clearwater Revival. Posteriormente y ya de vuelta en Albacete, descubrió la música folk junto a un exdisc-jockey de la discoteca Zodiac, Manuel Luna. Aún tuvo tiempo José Ángel de enrolarse en la "pachanga", algo a lo que irremediablemente estaban condenados todos los músicos de Albacete de aquella apasionante generación, incluso por decreto oficial:
"Se complicó todo de una forma estúpida. Simplemente por un decreto de Fraga Iribarne, así como suena. Vino a decir que para que una sala de fiestas exhibiera un grupo pop tenían que tocar por lo menos dos orquestas con carnés de profesionales. El delegado entonces de Información y Turismo, un tal Panadero, nos dijo que la ley era esa y había que cumplirla" (Luis Arteaga).
Por si fuera poco, los "cojos de Madrigueras" que tanto abundaban en la capital y provincia se dedicaron a poner denuncias a las salas que no cumplían con dicho decreto.
"Indudablemente los jóvenes estorbaban demasiado con aquellas revueltas musicales. Creo que fue una medida política" (Miguel Núñez).
"Lo de la censura estaba muy vigilado. Antes de sacar una canción había que ir a la Sociedad de Autores a ver si estaba en la lista de las prohibidas, sí era así, le cambiábamos un poco la letra y la volvíamos a presentar hasta que nos la autorizaban". (Juan Rosa)
" A principios de los setenta todo era demasiado complicado. Los equipos de música cada vez estaban más caros y eran más sofisticados, los grupos que no llevaban vientos no eran aceptados (¡!), las nuevas leyes impedían cualquier labor creativa, comenzaron a funcionar las discotecas con perjuicio evidente de la música en vivo, la mili, etc... Imposible " (Luis Arteaga).


3 comentarios:

José Garrido Herráez dijo...

Tal cual.
Disfruto releyendo tu relato de lo que en música aconteció en Albacete en aquellos años.
Gracias y no comento más, que el comentario me podría salir tan largo como el propio texto.

Anónimo dijo...

Enhorabuena por el blog, solo querría puntualizar que la marca de amplificadores que distribuía Lluquet, es "Jobesonik".
Un saludo

Anónimo dijo...

Muy buen trabajo, Juan Ángel.
Recordando aquellos años, me socurre que fue una pena que Luis Arteaga y Morgan no consolidaran su unión musical. Eran en mi opinión los dos valores más sólidos de toda aquella movida. La elegancia y precisión del bajo de Arteaga y la creatividad glamourosa de Morgan destacaban sobre todo el resto.